Actividad
11: Interpretación de la evolución
del concepto “sujeto” dentro del idealismo alemán
Instrucciones:Lee detenidamente el texto “El idealismo
alemán visto por Manuel García Morente” y realiza lo que se te pide.
Responde las siguientes
cuestiones
1. ¿Cuál es el error de Descartes en su concepción del sujeto?
2. ¿De qué forma resuelve Kant este problema?
3. ¿Cuál es la nueva idea que introduce Kan en la filosofía capaz
de cambiar la producción del conocimiento en la ciencia?
4. ¿Cuál es el rasgo de la filosofía de Kant que lo distingue de
sus predecesores y sucesores?
5. ¿De qué manera introduce Kant la idea de “lo absoluto” en la
filosofía?
6. ¿De qué forma conciben “lo absoluto” Hegel?
7. ¿Cuál es método filosófico que siguen los tres filósofos
anteriores y en qué consiste?
8. ¿Qué es “el absoluto” para Hegel?
9. Explica el desdoble de la razón en tesis, antítesis y síntesis.
10. ¿Cuál es el punto de
partida de toda la filosofía hegeliana?
11. ¿Qué significa la
afirmación de Hegel “Todo lo real es racional y todo lo racional es real”?
El idealismo alemán visto por Manuel García Morente[1]
«La
actividad del pensar es la que crea el objeto como objeto pensado. No es, pues,
que el objeto sea, exista, y luego llegue a ser pensado (que esto sería el
residuo de realismo aún palpitante en Descartes, en los ingleses y en Leibniz)
sino que la tesis fundamental de Kant estriba en esto: en que objeto pensado no
significa objeto de primero es y que luego es pensado, sino objeto ue es
objeto porque es pensado; y el acto de pensarlo es al mismo tiempo el acto de
objetivarlo, de concebirlo como objeto y darle la cualidad de objeto. Y del
mismo modo, en el otro extremo de la polaridad del pensamiento, en el extremo
del sujeto, no es que el sujeto sea primero y por ser sea sujeto
pensante. Éste es el error de Descartes. Descartes cree que tiene de sí una
intuición, la intuición de la substancia, uno de cuyos atributos es el pensar.
Pero Kant muestra muy bien que el sujeto, la substancia, es también un producto
del pensamiento. De modo que el sujeto pensante no es primero sujeto y luego
pensante, sino que es sujeto en la correlación del conocimiento, porque piensa,
y en tanto y en cuanto que piensa. De esta manera Kant consigue eliminar
totalmente el último vestigio de “cosa en sí”, vestigio de realismo que aún
perduraba en los intentos de la metafísica idealista de los siglos XVII y
XVIII.
Pero al
mismo tiempo que Kant remata y perfecciones el pensamiento idealista, introduce
en este pensamiento algunos gérmenes que vamos a ver desenvolverse y dilatarse
en la filosofía que sucede a Kant. Esos gérmenes son principalmente dos:
primero, esa “cosa en sí” que Kant ha logrado eliminar en la relación de
conocimiento, esa cosa “en sí”, si nos fijamos bien en lo que significa,
encontramos que su sentido es el de satisfacer el afán de unidad, el afán de
incondicionalidad que el hombre, que la razón humana siente. Si en efecto el
acto de conocer consiste en poner una relación, una correlación entre el sujeto
pensante y el objeto pensado, resulta que todo acto auténtico de conocer está
irremediablemente condenado a estar sometido a condiciones; es decir, que todo
acto de conocimiento conoce, en efecto; una relación; pero esa relación, puesto
que lo es, puesto que es relación, plantea inmediatamente nuevos problemas, que
se resuelven inmediatamente también mediante el establecimiento de una nueva
relación; y en esto de anudar relaciones, de determinar causas y efectos, que a
su vez son causas de otros efectos y que a su vez son efectos de otras causas;
en esta determinación de una red de relaciones, el afán cognoscitivo del hombre
no descansa. Y ¿por qué no descansa? Porque no se hallará satisfecho sino
cuando logre un objeto pensado, un objeto que luego de conocido, no le plantee
nuevos problemas, sino que tenga en sí la razón integral de su propio ser y
esencia y de todo cuanto de él se derive. Este afán de incondicionalidad, o
afán de “absoluto”, no se satisface con la ciencia positivas; la cual no nos de
más que contestaciones parciales, fragmentarias o relativas, mientras que lo
que anhelamos es un conocimiento absoluto, esa “cosa en sí” que ingenuamente
creen los realistas captar por medio del concepto aplicado a la substancia.
Pero
ese afán de “absoluto”, aunque no puede ser satisfecho por la progresividad
relativizante del conocimiento humano, representa, sin embargo, una necesidad
del conocimiento. El conocimiento aspira hacia él; y entonces, ese absoluto
incondicionado se convierte para Kant en el ideal del conocimiento, en el
término al cual el conocimiento propende, hacia el cual se dirige o como Kant
decía también: en el ideal regulativo del conocimiento, que imprime al
conocimiento un movimiento siempre hacia adelante. Ese ideal del conocimiento,
el conocimiento no puede alcanzarlo. Sucede que cada vez que el hombre aumenta
su conocimiento y cree que va a llegar al absoluto conocimiento, ese encuentra
con nuevos problemas y no llega nunca a ese absoluto. Pero ese absoluto, como
un ideal al cual se aspira, es el que da columna vertebral y estructura formal
a todo el acto continuo del conocimiento.
Esta
idea novísima en la filosofía (que podríamos expresar diciendo: que lo absoluto
en Kant deja de ser actual para convertirse en potencial) es la que cambia por
completo la faz del conocimiento científico human; porque entonces, el
conocimiento científico resulta ahora no un acto único, sino una serie
escalonada y eslabonada de actos, susceptibles de completarse unos por otros, y
por consiguiente susceptibles de progresar, de progreso. Esta primera idea es,
pues, en Kant, fundamental, muy importante.
La
segunda es que la consideración de ese mismo absoluto, de ese mismo
incondicionado (que el conocimiento aspira a captar y que no puede captar; pero
cuya aspiración constituye el progreso del conocimiento) ese mismo absoluto
aparece, desde otro punto de vista, como la condición de la posibilidad de la
conciencia moral. La conciencia moral, que es un hecho, no podría ser lo que es
si no postulase ese absoluto, si no postulase la libertad absoluta, la
inmortalidad del alma y la existencia de Dios. Y esta primacía de la razón
práctica o de la conciencia moral es la segunda de las características del
sistema kantiano, que lo diferencia de sus predecesores; y toda la filosofía que
ha de suceder a Kant arranca, precisamente, de esas dos características de
Kant. La filosofía que sucede a Kant, toma su punto de partida de ese absoluto,
que para Kant es el ideal del conocimiento por una parte, y por otra, el
conjunto de las condiciones “a priori” de la posibilidad de la conciencia
moral.
Y así,
los filósofos que suceden a Kant se diferencian de Kant, de una manera radical
y se asemejan a Kant de una manera perfecta. Se diferencian radicalmente de él
en su punto de partida. Kant había tomado como punto de partida de la filosofía
la meditación sobre la ciencia fisicomatemática, ahí existente, como un hecho;
y también la meditación sobre la conciencia moral, que también es otro hecho,
o, como Kant dice, “factum”, hecho de la razón práctica. Pero, los filósofos
que siguen a Kant abandonan ese punto de partida de Kant; ya no toman como
punto de partida el conocimiento y la moral, sino que toman como punto de
partida lo “absoluto”. Ese algo absoluto e incondicionado es lo que da sentido
y progresividad al conocimiento, y lo que fundamenta la validez de los juicios
morales. Pero al mismo tiempo, digo que se asemejan a Kant; porque de Kant han
tomado este nuevo punto de partida. Lo que para Kant era una transformación de
la metafísica antigua en una metafísica ideal, es para ellos, ahora,
propiamente, la primera piedra sobre la cual tiene que edificar su sistema. Y
así, si me permiten ustedes el esfuerzo arriesgadísimo, aventuradísimo, de
reducir a un esquema claro lo que hay de común en los tres grandes filósofos
que suceden a Kant –Fichte, Schelling y Hegel– yo me atrevería audazmente a
bosquejarles a ustedes el esquema siguiente.
Primero,
estos filósofos, los tres, parten de la existencia de lo absoluto. A la
pregunta metafísica fundamental que nosotros desde el principio de este curso
hemos planteado (¿qué es lo que existe?) contestan: existe lo absoluto, lo
incondicionado; existe algo, cuya existencia no está sujeta a condición alguna.
Éste es para ellos el punto de partida. Algún perito en filosofía puede
descubrir aquí la influencia que sobre estos pensadores ejerce Espinosa, que
fue descubierto en Alemania precisamente en este momento, en la época de la
muerte de Kant. Es, pues, para ellos, lo absoluto, el punto de partida.
Segundo,
también común a los tres grandes pensadores que siguen a Kant, la idea de que
ese absoluto, ese ser absoluto, que han tomado como punto de partida, es el
índole espiritual. Es pensamiento, o bien acción, o bien razón, o bien
espíritu. Es decir, que estos tres grandes pensadores consideran y conciben ese
absoluto bajo una u otra especie, pero siempre bajo una especie espiritual;
ninguno de ellos lo concibe bajo una especie material; ninguno de ellos con
concibe materialísticamente.
En
tercer lugar, los tres consideran también que ese absoluto, que es de carácter
y de consistencia espiritual, se manifiesta, se fenomenaliza, se expande en el
tiempo y en el espacio, se explicita poco a poco en una serie de trámites,
sistemáticamente enlazados; de modo que ese absoluto, que tomado en su
totalidad es eterno, fuera del tiempo, fuera del espacio, y constituye la
esencia misma del ser, se tiende –por decirlo así– en el tiempo y en el
espacio. Su manifestación da de sí, de su seno, formas manifestativas de su
propia esencia; y todas esas formas manifestativas de su propia esencia
fundamental constituyen lo que nosotros llamamos el mundo, la historia, los
productos de la humanidad, el hombre mismo.
Por
último, en cuarto lugar, también es común a estos grandes filósofos sucesores
de Kant, el método filosófico que van a seguir y que va a consistir para los
tres, en una primera operación filosófica que ellos llaman intuición
intelectual, la cual está destinada, encaminada a aprehender directamente la
esencia de ese absoluto intemporal, la esencia de esa incondicionalidad; y
después de esta operación de intuición intelectual, que capta y aprehende lo
que el absoluto es, viene una operación discursiva, sistemática y deductiva,
que consiste en explicitar, a los ojos del lector, los diferentes trámites
mediante los cuales ese absoluto intemporal y eterno se manifiesta
sucesivamente en formas varias y diversas en el mundo, en la naturaleza, en la
historia.
Por
consiguiente, estos filósofos serán esencialmente sistemáticos y constructivos.
La operación primera de la intuición intelectual les da, por decirlo así, el
germen radical del sistema. La operación siguiente, de la construcción o de la
deducción trascendental, les da la serie de los trámites y la conexión de
formas manifestativas en el espacio y en el tiempo, en que esa esencia absoluta
e incondicionada se explicita y se hace patente.
Todos
estos caracteres, que digo que son comunes a los tres grandes filósofos que
suceden a Kant, los ven ustedes perfectamente influido o derivados por esa
transformación que Kant ha hecho en el problema de la metafísica. Kant ha dado
al problema de la metafísica la transformación siguiente: la metafísica buscaba
lo que es y existe “en sí”. Ahora bien; para el pensamiento científico nada es
ni existe en sí, porque todo es objeto de conocimiento, objeto pensado para un
sujeto pensante. Pero eso que buscaba la metafísica y que no es en sí, ni
existe en sí, es sin embargo una idea regulativa para el conocimiento
discursivo del hombre: las matemáticas, la física, la química, la historia
natural. Y esa idea regulativa representa lo contrario de los objetos del
conocimiento concreto. Si los objetos de conocimiento concreto son relativos,
correlativos al sujeto, esa otra idea regulativa, representa lo absoluto, lo
completo, lo total, lo que no tiene condición alguna, lo que no necesita
condición. De aquí arrancan, entonces, los sucesores de Kant. De este absoluto
es de lo que ellos partes, en vez de ser, como Kant, a lo que se llega.
Fichte, por ejemplo, parte de lo absoluto y
verifica la intuición intelectual de lo absoluto; y entonces, merced a esa
intuición intelectual de lo absoluto, intuye lo absoluto bajo la especie de yo.
Bajo la especie de yo absoluto, no bajo la especie del yo empírico, sino del yo
en general, de la subjetividad en general. Mas el yo absoluto, que es lo que el
absoluto es (el absoluto es el yo), no consiste en pensar, sino que el pensar
viene después. Consiste en hacer, en una actividad. La esencia de lo absoluto,
del yo absoluto, es para Fichte la acción, la actividad. Y el yo absoluto,
mediante su acción, su actividad, necesita para esa acción, para esa actividad,
un objeto sobre el cual recaiga esa actividad; y entonces, en el acto primero
de afirmarse a sí mismo como actividad, necesariamente tiene que afirmar
también el “no yo”, el objeto, lo que no es el yo, como término de esa
actividad. [...]
Pero
como el yo del hombre empírico, es fundamentalmente acción, el conocimiento
tendrá que venir como preparación para la acción. El conocimiento es una
actividad subordinada. En Fichte reconocen ustedes la primacía de la conciencia moral de Kant. El
conocimiento es una actividad subordinada, que tiene por objeto el permitir la
acción, el proponerle al hombre acción. El yo es plenamente lo que es, cuando
actúa moralmente. [...]
Tomemos
ahora a Schelling. Schelling es una
personalidad intelectual de tipo completamente distinto de Fichte. Fichte es un
apóstol de la conciencia moral; es un apóstol de la educación popular. Fichte
es un hombre para quien todo conocimiento y toda ciencia tiene que estar
sometida al servicio de la acción moral. En cambio Schelling
es un artista; la personalidad de Schelling es la persinalidad de un
estético, de un contemplativo. Por eso la filosofía del uno y del otro, son
completamente diferentes, dentro de ese mismo esquema general que les expuse a
ustedes antes.
También
Schelling parte de lo absoluto, lo mismo que Fichte; pero si lo absoluto para
Fichte era el yo activo, para Schelling lo absoluto es la armonía, la identidad,
la unidad sintética de los contrarios, aquella unidad total que identifica en
un seno materno, en lo que llamaba Goethe las protoformas, o en la traducción
de una palabra griega “las madres” (conceptos madres). Lo absoluto para
Schelling es la unidad viviente, espiritual, dentro de la cual están como en
germen todas las diversidades que conocemos en el mundo. Y así esa unidad
viviente se pone primero, se afirma primero como identidad. Entre todo cuanto
es y cuanto existe hay para Schelling una fundamental identidad; todo es uno y
lo mismo; todas las cosas, por diferentes que parezcan, vistas desde un cierto
punto, vienen a fundirse en la matriz idéntica de todo ser, que es lo absoluto.
El
primer trámite de diversificación de este absoluto es el que distingue por un
lado la naturaleza, y por el otro el espíritu. Esa distinción pone las primeras
dos ramas del tronco común (por un lado, las cosas naturales y por el otro
lado, los espíritus, los pensamientos, las almas). Pero la distinción nunca es
abolición de la identidad. La naturaleza está colmada de espíritus; como el
espíritu es a su modo también naturaleza.
Schelling
tiene una visión extraordinariamente aguda para todos aquellos fenómenos
naturales, como son los fenómenos de la vida, de los animales, de las plantas,
que patentemente son fenómenos en donde la naturaleza está maridada, casada,
unida con algún elemento viviente, trepidante y espiritual. Pero también fuera
de la naturaleza vive, en la naturaleza inerte, inorgánica, encuentra Schelling
los vestigios del espíritu, como en esas magníficas reflexiones que hace,
sublimemente escritas, con una belleza de lenguaje extraordinaria; esas
magníficas reflexiones que hace sobre la cristalización de los cuerpos, en
donde muestra que un cuerpo, por pequeño que sea, que se cristalice, por
ejemplo en exaedro, lleva dentro de sí la forma exaedro; por peque que sea, un
átomo de cuerpo que cristalice en exaedro, si se machaca y se toma la más
mínima partícula es también un exaedro. Tiene pues, alma de exaedro. Hay un
espíritu hexaédrico dentro de él. Esa fusión o identificación está en toas las
diversificaciones de la naturaleza y del espíritu. y en cualquiera de las
formas, y en cualquiera de los objetos y en cualquiera de las cosas concretas
que tomamos vemos y encontraremos la identidad profunda del lo absoluto.
Pues,
si tomamos ahora a Hegel, nos
encontraremos con un tercer tipo humano completamente distinto de los dos
anteriores. Si Fichte fue un hombre de acción moral, un apóstol; si Schelling
fue un delicado artista, Hegel es el prototipo
del intelectual puro, el prototipo del hombre lógico, el pensador
racional, frío. Cuando era estudiante, sus compañeros le llamaban “el viejo”.
Porque realmente era viejo antes de tiempo y fue, toda su vida “el viejo”.
Para
Hegel, lo absoluto –que es el punto de partida siempre– es la razón. Eso es lo
absoluto. A la pregunta metafísica –¿qué es lo que existe?– contesta: existe la
razón. Todo lo demás son fenómenos de la razón, manifestaciones de la razón.
Pero ¿qué razón? Sin duda no la razón estática, la razón quieta, la razón como
una especie de facultad captativa de conceptos, siempre igual en sí misma,
dentro de nosotros. Nada de eso. Por el contrario: la razón es concebida por
Hegel como una potencia dinámica, llena de posibilidades, que se van
desenvolviendo en el tiempo; la razón es concebida como un movimiento; la razón
es concebida, no tanto como razón, sino más bien como razonamiento.
Pensad
un momento en lo que significa razonar en lo que quiere decir pensar.
Razonar, pensar, consiste en proponer una explicación, en excogitar un
concepto, en formular mentalmente una tesis, una afirmación; pero, a partir de
ese instante, empezar a encontrarle defectos a esa afirmación, a ponerle
objeciones, a oponerse a ella. ¿Mediante qué? Mediante otra afirmación
igualmente racional, pero antitética de la anterior, contradictoria de la
anterior.
Esa
antítesis de la primera tesis plantea a la razón un problema insoportable; es
menester que la razón haga un esfuerzo para hallar un tercer punto de vista,
dentro del cual esta tesis y aquella antítesis quepan en unidad; y así,
continuamente, va sacando la razón, por medio del razonamiento, de sí, un
número infinitamente vasto de posibilidades racionales insospechadas. La razón,
pues, es el germen de la realidad. Lo real es racional y lo racional es real;
porque no hay posición real que no tenga su justificación racional, como no hay
tampoco posición racional que no esté, o haya estado, o haya de estar en lo
futuro realizada.
Por
consiguiente, de esa razón que es lo absoluto, mediante un estudio de sus
trámites internos –que llama Hegel lógica, dándole a la palabra un sentido
hasta entonces no habitual– mediante el estudio de la lógica, o sea de los
trámites que la razón requiere al desenvolverse, al explicitarse ella misma, la
razón va realizando sus razones, va realizando sus tesis, luego las antítesis,
luego otra síntesis superior; y así la razón misma va creando su propio
fenómeno, va manifestándose en las formas materiales, en las formas matemáticas
que lo más elemental de la razón, en las formas causales, que son lo más
elemental de la física, en las formas finales que son las formas de los seres
vivientes y luego en las formas intelectuales, psicológicas, en el hombre, en
la historia.
Así,
todo cuanto es, todo cuanto ha sido, todo cuando será no es sino la
fenomenalización, la realización sucesiva y progresiva de gérmenes racionales,
que están todos en la razón absoluta.
Todos
estos filósofos han partido de lo absoluto. No han partido de datos concretos
de la experiencia, ni tampoco el hecho de la ciencia fisicomatemática, ni del
hecho de la conciencia moral, sino que han partido de lo absoluto, intuido
intelectualmente y desenvuelto luego sistemática y constructivamente en esos
magníficos abanicos de los sistemas, que se despliegan ante el lector,
deslumbrándolo con la belleza extraordinaria de su deducción trascendental.
Llenaron
estos hombres la filosofía de la primera mitad del siglo XIX. Pero estos
hombres habían exagerado un poco. Su error consistió en que se separaron
demasiadamente de las vías que seguía el conocimiento científico; se apartaron
demasiado de ellas; no las tuvieron en cuenta ni como punto de partida ni como
punto de llegada. Se empeñaron en que su deducción trascendental, esa
construcción sistemática que partía de lo absoluto, comprendiera, también, en
su seno, la ciencia de su tiempo. Y así se fue labrando, poco a poco, un abismo
entre la filosofía y la ciencia. La filosofía, apartándose de la ciencia, y la
ciencia, desviándose, apartándose también de la filosofía. Y ¿qué resultó de
todo esto? Que a mediados del siglo XIX, esa ruptura, ese abismo entre la
ciencia y la filosofía era tan grande, que trajo consigo un espíritu de
hostilidad, de recelo y de amargo apartamiento con respecto a la filosofía.
Sobrevino el espíritu que llamaríamos positivista.»
[García
Morente, Manuel: Lecciones preliminares de filosofía. Buenos Aires:
Losada, 1967, p. 327-337]
Responde las siguientes cuestiones
1. ¿Cuál es el error de Descartes en
su concepción del sujeto?
El error de Descartes consiste en que estaba
equivocado al decir que la razón estaba separada de las emociones y
sentimientos; ya que deacuerdo al Neurobióloga Antonio R. Dalmasio el universo
de la razón no está separada del universo de los sentimientos y emociones, esto
lo comprobó aportando pruebas científicas desprendidas de casosclínicos. Como
sabemos, las emociones y sentimientos son parte de nuestra vida, por lo tanto
considero que no puede haber una separación con el razonamiento, ya que somos
seres integrales y tomando encuenta que nuestro cerebro es la principal fuente
de razonamiento donde se generan todos los pensamientos que dan pauta a
nuestras emociones y sentimientos formando nuestra personalidad.
2. ¿De qué forma resuelve Kant este
problema?
Kant muestra que el sujeto, la sustancia, es también
un producto del pensamiento. De modo que el sujeto pensante no es primero
sujeto y luego pensante sino que essujeto en la correlación del conocimiento,
porque piensa, en tanto y cuanto piensa.
3. ¿Cuál es la nueva idea que
introduce Kan en la filosofía capaz de cambiar la producción del conocimiento
en la ciencia?
Sucede que cada vez que el hombre aumenta su conocimiento y cree que va
a llegar al absoluto conocimiento, se encuentra con nuevos problemas y no llega
a ese absoluto. Pero ese absoluto, como un ideal al cual aspira, es el que da
columna vertebral y estructura formal a todo el acto continuo del conocimiento.
4. ¿Cuál es el rasgo de la filosofía
de Kant que lo distingue de sus predecesores y sucesores?
La conciencia moral. Se diferencian radicalmente de el en su punto de
ciencia fisicomatemática, ahí existente, como un hecho; y también la meditación
sobre la conciencia moral, que también es otro hecho, o, como Kant dice,
“Factor”, hecho de la razón practica.
5. ¿De qué manera introduce Kant la
idea de “lo absoluto” en la filosofía?
Ese algo absoluto e incondicionado es lo que da sentido y progresividad
al conocimiento, y lo que fundamenta la validez de los juicios morales.
6. ¿De qué forma conciben “lo
absoluto” Hegel?
Parten de la existencia de lo absoluto, existe lo absoluto, lo
incondicionado; existe algo, cuya existencia no está sujeta a condición ninguna.
7. ¿Cuál es método filosófico que
siguen los tres filósofos anteriores y en qué consiste?
La filosofía moderna los utiliza todos. No puede dejar de utilizar
alguno, inclusive los icono gramas. Su incesante búsqueda de la verdad, no es
excluyente de ningún método.
8. ¿Qué es “el absoluto” para Hegel?
El Espíritu, que no es lo opuesto a la materia. Es lo más fuerte,
profundo y real de lo existente. Es el espíritu del mundo la fuerza de todas
las fuerzas, la profundidad de todas las profundidades. Es la reconciliación
del hombre con la realidad, la reconciliación del sujeto pensante con el objeto
pensado.
9.
Explica el desdoble de la razón en tesis, antítesis y síntesis.
10. ¿Cuál es el punto de partida de toda la filosofía hegeliana?
Así el punto de partida de
la filosofía hegeliana es el Absoluto, entendido como fundamento absoluto de
todas las cosas. De este punto inicial arranca el sistema hegeliano, como un
titánico esfuerzo por mostrar que el Absoluto tiene que brotar de sí mismo,
para engendrar la totalidad de las infinitas cosas que luego llamará naturaleza
y espíritu
11. ¿Qué significa la afirmación de Hegel “Todo lo real es
racional y todo lo racional es real”?
Todo lo que puede ser percibido por los sentidos y llevarlos
a la duda puede establecerse como racional, ya que la razón juega un papel en
su explicación, más no puede establecerse como cierto.
De gran ayuda esta información respondió las mismas preguntas, gracias
ResponderEliminarQue rollo razaaaa... todo conalep esta aqui ? me sienten ? me escuchannnn????
ResponderEliminarhahaha
EliminarMuchas gracias
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